26/6/09

sueño XI

Una vieja en una estación me corre, me toma del brazo justo cuando estoy a punto de subir al tren y me dice gravemente: Hay dos tipos de personas. Unas son las que huyen y las otras, las que huyen de huir...

Andrea

24/6/09

sueño X

Estábamos yo, Matias, y Eva Rules en una especie de Country, todo muy glamoroso y pintoresco, como si se celebrara algo. Habia gente muy elegante, se notaba que era una fiesta de mucho dinero (y a todo esto, nosotros estabamos vestidos como todos los dias). El lugar, si bien era un country, era muy raro ya que no se veian casas vecinas. Era como un campo gigante con varios gazebos parecidos a los que aparecen en la plaza de "Los Simpsons", y en cada una habian distintas cosas. Con Eva entramos en uno donde habia una mesa servida y en el centro de la misma, como plato principal, habia un perro, pero estaba vivo. Estaba frito de la mitad del cuerpo para abajo, pero se encontraba acostado como si nada. Lo toqué en la parte donde estaba frito y no gritó, y al tacto parecia maquillaje de cine. En eso escucho que se acerca gente (supuse que para comerse al perro), entonces para ayudarlo lo que hice fue empezar a "desparramar" al perro por todos lados. Si, era asi: el perro estaba enterito, pero en cuanto lo tocaba era como si se tranformara en carne picada o algo asi. Pese a que el perro se estaba deshaciendo en ningun momento lloro de dolor, y yo sentia que asi realmente lo estaba ayudando. Despues me desperte, y no tengo idea qué paso.

Chenzo

23/6/09

sueño IX

Estoy haciendo las compras en mi barrio.Llevo una bolsa de esas de arpillera (como las de antes),de color rosa. Entro en una verdulería y, sin que pida nada, un verdulero con delantal verde, se me acerca y mirándome muy sugerente, me abre la bolsa y comienza a guardar en ella diversos vegetales que yo no había pedido. Para mi sorpresa, esa compra que el verdulero me estaba "obligando" a hacer era un mensaje cifrado que yo entendí perfectamente: Martiniano Molina (sí!!! el cocinero de la tele!!!!) me decía a través de inimaginables combinaciones de verduras y frutas de estación que le mienta a mi marido y me vaya a pasear con él en velero por el río de la Plata. Todo esto ocurre sin cruzar palabra alguna. Me retiro consternada de la verdulería pensando en esa invitación y en el camino a mi casa me encuentro con mi hermana. Mientras ella me saluda, me pongo nerviosa y trato de esconder mi bolsa de compras llena de las pecaminosos vegetales, así es como, en vez de hacerlas pasar desapercibidas, provoco justo el efecto contrario: mi hermana dirige sus ojos a mi "bolsa de los mandados" y luego a mí, con mirada acusadora: ella también había entendido aquel misterioso mensaje cifrado y se aleja de mí indignada por mi falta de moral...

Andrea

19/6/09

sueño VIII

Última estación

Vamos de mochileros. dos chicos y otra chica además de mí. Obligadas mochilas aparatosas de campamento, con la bolsa de dormir arrollada arriba. Caminamos mucho ese día. No conseguimos a nadie que nos lleve según parece. Nos pesan las piernas y los párpados ahora que se hizo de noche. Sin embargo hay como una claridad de luces ocultas. Armamos las bolsas al lado de la vía. No creo que a esta hora pase el tren ¿Hacemos fuego? No hace falta, el calor de la bolsa es suficiente para reconfortarme. Empiezo a dormitar. Entonces un ruido nos despierta. El suelo nos vibra y sabemos que tenemos poco tiempo. Salimos de las bolsas, agarramos las mochilas y empezamos a correr para escapar del tren que se nos viene. Primero, todavía torpes y dormidos, corremos siguiendo las vías. Por fin alguien en un rapto de lucidez, comienza a correr hacia el costado y lo seguimos.

Las mochilas nos pesan, las piernas nos pesan, el vértigo nos pesa y nos agita, especialmente ahora que notamos que tenemos que seguir corriendo porque hay una, dos, tres, seis, doce vías y de todas ellas bocinas de trenes nos acechan desde los lados.

Es una estación: mi conciencia me regala esa vista panorámica. Incluso hay un puente de peatones y gente esperando en los andenes. No estamos lejos de ellos, pero antes de poder alcanzar su seguridad quedamos en medio de dos de aquellas furias de metal, rugientes, feroces, imponentes. El aire se embolsa por la velocidad de los dragones y su fuerza similar a la de edificios que colapsan. El viento se violenta y se arremolina, nos envuelve como un golpe irrefrenable que quiere arrastrarnos por mucho que queramos aferrarnos al piso. El viento triunfa, el viento me ahoga en un abrazo adrenalínico y al fin abro los ojos, temerosa de la oscuridad.


Jesica

18/6/09

sueño VII

Témperley tiene río, como Quilmes, aunque nunca estuve en el río de Quilmes. Es verano y estoy con los pibes jugando al vóley en un balneario. También está ella.

Con una resignación más cercana a la curiosidad que a la indiferencia todos esperamos una inundación. Ninguno de nosotros había visto nunca una inundación. La gente no hablaba de otra cosa, todos estaban expectantes, hasta impacientes porque empiece de una vez a llover.
Nosotros seguíamos jugando en la playa, íbamos a esperar que cayeran las primeras gotas para irnos a un lugar más alto para ver de cerca como poco a poco se inundaba todo. Pero el agua no vino desde el cielo.



Yo había ido a buscar una pelota que se fue larga y al levantar la cabeza ví que en el horizonte, todavía lejos, todavía azul y hermosa, una ola gigante se apuraba por llegar a la costa.
Todos empezamos a correr tierra adentro. No hay miedo, uno queda fascinado por la fuerza descomunal de la naturaleza. La energía del aire electriza la parte de afuera de la piel. Uno adentro se sabe otra cosa, más apagada, menos vibrante que el viento que ya empieza a arrancar carteles, a limpiar las calles.
Corro con Celeste tomada de la mano y la ola ya llegó a la costa. Destroza todo: las casas, los autos. Pero a la gente no le hace nada. El agua, que en las paredes llega hasta las ventanas del tercer piso, en ningún momento supera la altura de las rodillas de los que corremos por la calle. Por todas partes se ven esqueletos de autos y de peces arrastrados por la corriente, es filosa la inundación.


Vos y yo seguimos tomados de la mano, hablamos a los gritos y tu voz me llega de muy lejos, tapada por el ruido de las olas golpeando las cosas, las sirenas, las risas y bocinas de la gente. Pero es tu voz, por sobre todos los sonidos del mundo es tu voz. Doblamos en una esquina y empezamos a pisar pasto, dejando esa tormenta atrás. De frente tenemos el puente viejo que está sobre 25 de Mayo, a la derecha la vía y a la izquierda unas casitas. En la puerta de una de las casas un viejo parece estar juntando ramas.



Caminamos hasta el final de la calle, está bloqueada por un cerco que une el piso con la panza del puente. El cerco está cubierto por unas enredaderas con flores blancas, de pétalos carnosos y perfume embriagador. Empezamos a trepar para subir al puente, pero al llegar a la mitad, el perfume de las flores nos emborracha y no podemos seguir porque nos da un ataque de risa. Bajamos y después de mirarnos fijo un rato nos ponemos serios.

Retrocedemos y nos acercamos al viejo. Está sentado en un banquito petiso y delante de él hay dos montículos, son unos bizcochuelos de tierra muy prolijos: en la cara superior del primero está incrustado el esqueleto de un gato. Los huesos están dispuestos de tal manera que recuerdan un símbolo astrológico. Alrededor de este montículo el viejo enciende unas velas de colores y quema incienso. A un costado, entre el primer y segundo montículo, hay una botella de vidrio violeta. Por momentos, la botella está rota.

En la tapa del segundo montículo hay un esqueleto de bebé, los huesitos ordenados con el mismo criterio que los del gato.

El viejo tiene barba bíblica, se parece a Marx y está vestido como un croto. Sus manos son enormes. Cuando habla, el sonido es profundo y cálido, tiene voz de volcán. Nos cuenta su historia:

El bebé era su nieto. Él lo tenía a upa, lo estaba acunando en sus brazos cuando el gato volteó con su cuerpo la botella que contenía benzina. Al romperse, estalló y el fuego consumió al gato y al bebé, pero no le hizo nada al viejo.

Le pregunto por qué le ponía más atención al montículo del gato que al del nene.

El viejo me contesta:

- Porque velo lo que respeto- extiende un brazo sobre el montículo del nieto y abre la mano.
- Y guardo lo que quiero- de la mano del viejo empiezan a llover granos de café que cubren el montículo hasta esconderlo para siempre.


Gus

13/6/09

sueño VI

Mi vieja como desnuda, pero sin partes sexuales, como un todo de piel, vello pùbico negro y su cabello rubio, mi cara se acerca al vello púbico, que crece se mete en mi boca, se cuela en esos espacios chiquitos entre diente y diente, y tira.


Francisco I

sueño V

Estaba en mí presente la sensación de que ya había pasado todo un largo torneo inmemorial.
Apenas sí puedo entrever la circunstancia del desarrollo de ese partido, pero sé que era la final. Había hinchada, no la recuerdo pero había. Vívidos están en mi mente la pelota, el arquero, el penal a favor en el último minuto, y yo. Si lo metía ganábamos todo. De muy lejos, mientras me perfilaba y miraba a los ojos al oponente de guantes blancos y buzo verde demasiado fuerte, se escuchaba una respiración profunda que no tenía mucho que ver con la situación, "debe ser la mía, que ya no la escucho de tanta emoción" (como siempre tenía que encontrarle un sentido a todo, también en los momentos más intensos).
Hasta que el arquero y todo lo demás desaparecieron, fuimos la pelota, yo y la respiración. Ahí vinieron a mi recuerdo los consejos de Maradona y todos mis amiguitos de la primaria y secundaria (que aparecieron por la hinchada cuando los recordé), todos decían "no importa adónde vaya la pelota, ¡pegale fuerte!". Apreté los dientes con el odio que les tenía a esas gentes por decirme como tenía que hacerlo, y patié el maldito esférico. No vi más nada, sólo la red inflándose, grité el gol con desprecio a todos los imbéciles que lo creían imposible.
De repente, mientras festejaba y les hacía "sh" a la hinchada contraria, que se vino abajo porque el estadio estaba superpoblado, el pie empezó a doler, y unos gritos de mujer hacían un eco cada vez más intenso en las inmediaciones del estadio Amalfitani. Cosa de un segundo. Todo fue desapareciendo, volviéndose sombra, y abrí los ojos mientras mi boca gritaba ¡gol!, y vi a mi novia cómo se retorcía de dolor y se agarraba la pierna. No entendí, y seguí festejando cinco minutos más.

Nicolás te titulo

7/6/09

sueño IV

(A propósito del gusano de luz de Lautréamont)

La habitación empapelada en bibliotecas, y en el medio una mesa. Sobre la mesa, un libro, sobre el libro, un gusano. Alimentándose del libro, el gusano pasa de ser diminuto a ser gigante. Extraño en mí: no me resulta desagradable. Su color es violeta oscuro luminoso, y no segrega babas horribles.
Mi hermano, entonces, enarbola un martillo y redundantemente lo amartilla a la mitad para matarlo. Como buen gusano, comienza a regenerarse: cada parte de su cuerpo es un nuevo gusano, pero lo hace tan lentamente que creo que comenzamos a aburrimos y perdemos todo interés en el tema. Es así que una parte del gusano se nos escapa de la vista y parece que se sube por alguna pared hasta perderse en algún rincón estratégico. Mi hermano le resta importancia a la cuestión, y confía en que se lo comerá alguna rata...

El gusano no era grande como una casa, pero era bien bien grande: debía medir en largo 5 veces yo y en ancho 3 yoes...

Zaza

1/6/09

sueño III

Hay una reunión festiva en mi residencia, me encuentro con Telma, una ex amante que presentaba un cuadro de Dalí. Telma, se queja de dolor de ovarios, estómago y hace muecas. En la recepción está presente un marino, quien examina a Telma y le dice que es histriónica y le explica que esto se debe a que un amigo mio se la puso (la inyección) con la jeringa sin esterilizar.


JA Viena
(viejo sueño soñado hace tantos años que ya se deformó el recuerdo)