Estoy en Saavedra y Humberto Primo, San Cristobal, barrio de mis amores.
Es tarde, llegando la noche.
Estoy trepando, haciendo acrobacias entre las rejas negras de una ventana, mientras hablo con un grupo de hombres. Ellos son grandes, yo soy chica.
Con un salto, me desprendo de las rejas y me acerco a la calle. Me froto los ojos que repentinamente se escapan de las cuencas y caen al piso.
Los hombres me ayudan a buscarlos.
Los encuentro en la calle, junto al cordón. Los ubico donde corresponde.
Ya es de noche.
Me vuelvo caminando a casa.
Zaza